En el complejo tablero político y económico de la Argentina actual, existen sectores que se han convertido en el último refugio de la dignidad de la clase trabajadora. Uno de ellos es el Turismo Social y Sindical. Al cerrar este 2025, el balance no puede limitarse a meras estadísticas de ocupación hotelera; debe leerse en clave de resistencia. La Rueda de Turismo ha dejado de ser solo una red de beneficios para transformarse en un actor político turístico frente a un modelo que pretende mercantilizar hasta el derecho al descanso.

La Batalla por la Memoria y el Territorio
El año que termina estuvo marcado por una amenaza existencial: el intento de privatización y desregulación de las Unidades Turísticas de Chapadmalal y Embalse. No se trata solo de edificios; son símbolos de una Argentina que decidió, hace ocho décadas, que el mar y la montaña no eran propiedad exclusiva de una élite y que los obreros podían también tener acceso a esos espacios anteriormente vedados.
La postura de la Rueda es clara: el turismo es un Derecho Humano. Mientras el discurso oficial intenta instalar la idea de que las vacaciones son solo para unos pocos, el sindicalismo organizado ha demostrado que el ocio creativo es una necesidad biológica y social del trabajador. La defensa no es un capricho nostálgico, es la protección de un derecho adquirido del acceso al descanso y la recreación.

Gestión en la adversidad
A pesar del contexto de ajuste y la caída del poder adquisitivo, la Rueda de Turismo Social y Sindical logró lo que parecía imposible: sostener la oferta. A través del sistema de convenios de reciprocidad y el intercambio de plazas entre diferentes gremios, se tejió una red de contención que permitió a miles de familias acceder a unas merecidas vacaciones frente a la crisis.
Esta gestión demuestra que la administración sindical es capaz de competir en calidad y servicio, pero con una diferencia ética fundamental: la rentabilidad es social, no financiera.
Hacia un Frente Internacional
Otro punto alto de este 2025 fue la proyección internacional y los vínculos con países como Brasil, México ,España y Uruguay demuestran que la problemática argentina no es aislada. Existe un movimiento global que reivindica el turismo solidario, y la Rueda hoy se sienta en esa mesa con voz propia, defendiendo un modelo de «turismo para todos» frente a la depredación del mercado masivo y la precarización laboral en el sector.
Conclusión: La Unidad como Destino
Llegamos a diciembre con una certeza: el turismo social sindical es una de las columnas vertebrales de la identidad de la clase trabajadora. La tarea para el 2026 será profundizar la unidad en la acción para que cada vez más actores se sumen a este proyecto para dejar bien en claro que la felicidad de un pueblo no se negocia ni se privatiza.
Por Pablo Merzi – Coordinador de la Rueda de Turismo Social y Sindical.










